PANAMÁ JAT
Instalación; 601 cm x 285 cm (2005)
Suelo de caucho e impresión digital sobre vinil adhesivo
Desde hace buen rato le tenía ganitas al material anti-deslizante que cubre una gran parte del piso del Museo de Arte Contemporáneo de Panamá. Es de plástico, es negro y me inspira una especie de morbo sado-maso que prefiero no detallar. Normalmente utilizado en cocinas industriales, fábricas y aeropuertos, podría decirse que este material queda fuera de lugar en un museo porque es bastante reflexivo. A pesar de ello, produce un efecto de espejo que me parece hermoso, y siempre logra distraerme a la hora de ver arte o socializar entre copas de vino.
Como objeto, este material posee mucha más fuerza y presencia que una buena parte de las cosas que he visto expuestas en este museo. No es ningún secreto que uno de los mecanismos más explotados por artistas contemporáneos es la repetición y este material ya lo trae incorporado: numerosas filas de circulitos en relieve perfectamente alineadas y distribuidas, que piden a gritos que alguien venga y las intervenga, que haga algo con ellas. Una obra puntillista, por ejemplo. Ya que están los puntos ahí, ¿por qué no? Además al utilizar un elemento tan característico de este museo para hacer una obra, inevitablemente digo algo sobre el museo en sí como espacio, y como institución. Muy site-specific.
La imagen que finalmente decidí utilizar es la de un sombrero Panamá. Escogí el sombrero Panamá porque es hecho en Ecuador, pero se llama Panamá, como yo. Ese sombrero también habla de todas las cosas psico-sexuales de las que hablan los sombreros, pero con el componente adicional del imperialismo anglo-europeo. Estamos hablando del sombrero que usaron los franceses durante la construcción del canal, y por supuesto también los gringos. Protegen del sol, son bonitos y muy finos: toma dos meses confeccionar uno, porque son tejidos por unos indígenas muy hábiles y pacientes allá en Ecuador.
